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¿En qué consiste el lifting facial?

El lifting de cara, también llamado estiramiento facial o ritidectomía facial, es una de las intervenciones de Cirugía Plástica más conocidas, hasta el punto que el término suele ser utilizado como sinónimo general de rejuvenecimiento o mejora, entre otras acepciones. Es la destinada a tratar el envejecimiento facial que ocurre como consecuencia del fotoenvejecimiento, la reabsorción de la grasa facial y de la estructura ósea de la cara. Consiste en el estiramiento de los tejidos con flacidez que se forman como consecuencia del envejecimiento, la exposición al sol, el estrés, determinados hábitos alimenticios, factores hereditarios, etc. Normalmente, esta flacidez es más aparente en la pérdida del óvalo facial, aparición de surcos y flacidez del cuello.

Gracias a esta intervención, se pueden tensar los tejidos faciales, tambien eliminar el exceso de grasa y redistribuir la piel de la cara y el cuello para recuperar firmeza y mejorar el tono del óvalo facial. Es muy importante señalar que el lifting debe conservar el aspecto natural de la persona, no modificarlo por completo, otorgándole una apariencia más rejuvenecida. Puede realizarse de forma aislada o asociado con otros procedimientos como la blefaroplastia. Se practica sobre todo a hombres y mujeres entre los 50 y los 70 años.

Preoperatorio

Antes de la intervención, es necesario estudiar detenidamente la cara, así como la piel y las estructuras óseas subyacentes, para determinar el tipo más apropiado. Se tendrá en cuenta también el estado de salud general del paciente, ya que, por ejemplo, la tensión arterial alta o problemas de coagulación o cicatrización pueden dificultar la intervención. Aunque cada persona deberá seguir unas instrucciones específicas relacionadas con la preparación, la alimentación, la administración o supresión de medicamentos y el cuidado facial, sí que es obligatorio dejar de fumar al menos quince días o semanas antes de la operación y quince días una vez se haya realizado ya la intervención.

La intervención

El lifting se realiza siempre en un quirófano de un hospital habilitado y suele requerir una noche de ingreso, recibiendo el alta al día siguiente. Durante la intervención, el paciente, según indicaciones médicas, puede recibir anestesia local más sedación o anestesia general. Existen tres tipos de procedimientos diferentes a razón de la zona a intervenir:

Para elevar las cejas, se procede a un lifting frontal, que permite estirar la piel en la parte alta del rostro y cuya incisión se realiza en la frente, justo en el nacimiento del cabello o en el cuero cabelludo dentro del pelo.

Si las zonas a retocar son la parte baja del rostro (desde la sien hasta el cuello), el tipo de intervención será el lifting cervicofacial. Este tipo de procedimiento puede durar varias horas y más aún cuando se realiza junto con otras intervenciones. Es común que, después de la intervención, los pacientes tengan que llevar, durante un día, un drenaje en la parte detrás de las orejas para eliminar cualquier líquido que se pueda acumular. Para proteger la zona intervenida, se suele utilizar un vendaje.

El postoperatorio

Resulta habitual que el paciente presente cierta hinchazón de la cara y el cuello, que se verá reducida con el paso tiempo, así como moratones y sensación de tirantez y endurecimiento en la zona intervenida. Con menor frecuencia pueden producirse temporalmente hematomas, lesiones de nervios en los músculos faciales, inflamación, hemorragia, infección. Los fumadores pueden tener ciertos problemas de cicatrización durante el postoperatorio.

Dos o tres semanas después de la operación, se puede realizar ya vida normal, reincorporándose incluso al trabajo. Las cicatrices del lifting serán cada vez menos visibles con el paso del tiempo y quedarán disimuladas tras el pelo y en los pliegues naturales de la cara. Los resultados del procedimiento son duraderos.

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